Web de San Ignacio





Enlaces

Declaración universal de los derechos humanos
Comercio justo

__________________

Declaración universal de los derechos humanos
Derechos Humanos

__________________

Caritas Parroquial

Cáritas Parroquial
__________________

Hacer click para bajar el mejor navegador web

Para ver bien la web
__________________


Suite Ofimatica

Paquete de Ofimática


GNU/LINUX

Domingo IV de Adviento

Lc1,39-45

María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; encontró en casa a Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo, y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. ¿Dichosa tú, que has creído!, porque lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá”.

 

Al conocer al “otro” en sus problemas y necesidades nace la solidaridad,  es fruto de una experiencia de projimidad, de conocimiento personal. Los sentimientos y deseos de solidaridad aparecen al conocernos y vivirnos como prójimos-próximos, como cercanos.  

Al conocer y ver las carencias surgen los deseos de ayudar.

Los sentimientos de solidaridad nos conducen a la generosidad, a dar y compartir para solucionar sufrimientos, necesidades y carencias. 

El primer paso será el conocer, el saberse prójimos, el segundo será la solidaridad, fruto de aquel conocimiento, y el tercero será la generosidad, el dar para socorrer y solucionar. Si no los conozco ni gozo ni sufro, paso de ellos, me son indiferentes. 

Sin conocimiento no hay pasión, hay apatía:   “ojos que no ven, corazón que no vibra ni ama”.  

Amo a quien conozco y al amar, soy uno, soy solidario con quien amo. 

Nos estamos preparando para vivir la Navidad, que no es para nosotros simplemente el “cumpleaños” de Jesús  sino la celebración de su encarnación en la persona del que tenemos al lado; los próximos necesitados son para nosotros el mejor icono de Jesús, su verdadero rostro. Cualquier necesitado es Dios que sale a mi encuentro. 

La Navidad es una llamada universal a la solidaridad, a una vida fraternal.  Solidarios con todos pero comenzando por los de más cerca, los de casa,  los tuyos, lo que más cerca tienes y mejor te conoces. 

María, fiel a éste principio se fue a servir a Isabel.

María es nuestro referente, el espejo en quien nos debemos mirar. 

Casi siempre nos es más gratificante ser solidarios con los de fuera; nos conocen menos y, por tanto, nos creen buenos y nos juzgan mejor. Pero los cristianos no hemos de ser solidarios porque sea gratificante, sino porque somos prójimos de los que la providencia nos regala. 

Dios nos regala unas personas: padres, hermanos, amigos con las que  andar siguiendo a Jesús; sin ellos se hace muy difícil el camino. 

Cuando Dios nos habla nunca nos deja indiferentes, nos compromete a salimos de nosotros mismos para darnos apostando a favor de los demás.

Dios, como Amor total que es, siempre encandila, dinamiza y desestabiliza. 

María aceptó el reto de traernos al Salvador y actuó en consecuencia: de inmediato se puso a servir, se puso a ayudar, a facilitar la vida. 

María, al visitar a su prima Isabel, manifiesta que salvación y servicio no son sinónimos, pero nos enseña que servir por amor salva siempre. 

María nos muestra que vivir desde la fe es comprometerse, que la vida para el creyente es una ocasión de servicio y que quien no sirve, no sirve para nada. Que se vaya. 

Si Dios es Amor y servir es amar, servir por amor es vivir a su imagen.

Ojo: servir no es hacer lo que los demás quieran, sino lo que necesitan; no hay que confundir el ser-servicial con el ser-servil. No es lo mismo. 

Primero es conocer, después amar y esto conduce necesariamente a servir.

El conocimiento ha de ser de primera mano, en esto somos insustituibles.

María se fue a casa de Isabel para estar cerca, conocer la situación y servir. 

Cuando no conocemos podemos consolar, curar heridas o pagar gastos.

Sin amar se puede llegar a vivir un humanismo; más vale eso que nada, pero eso no es ser cristiano. Ser cristianismo es más que una filantropía. 

María nunca habló del amor, pero supo vivir y conjugar el verbo amar. Se acaba el Adviento: ¡Menos hablar del amor y más amar! Es Navidad. 

Estas dos mujeres, María e Isabel, nos manifiestan que tener fe no es tener las cosas claras, es tener esperanza a pesar de que las cosas estén muy oscuras. 

Isabel y María con la historia de sus embarazos nos ponen en evidencia que la vida es el triunfo de lo imposible. Manifiestan que Dios, Amor y amo de la vida, es Señor de lo imposible.

 












































 ...